La Asociación Juvenil mantiene el legado de los ancestros con una Matanza Tradicional
BARRUECOPARDO
Felix hizo de matancero y demostró su maestría en el despiece de un gorrino de 14 arrobas, carnes que serían degustadas por los vecinos acompañada de unas patatas ‘meneas’ y un guisado de hígado encebollado.
Los vecinos de Barruecopardo viven a lo largo de este sábado la cuarta edición de la Matanza Tradicional, celebración que en esta ocasión ha sido organizada por la Asociación Juvenil de esta localidad y que tiene como objetivo preservar y difundir una de las costumbres más arraigadas en la comarca de Vitigudino y que por distintos motivos cada año está más en desuso.
Como señalaron los responsables de la asociación, la finalidad es que “los niños conozcan todo el proceso y aprendan que la carne no sale de los tetra brik, que así se alimentaron nuestros antepasados y ello nos ha permitido llegar hasta aquí”, sentenciaron con toda justicia.
Con el agua sobre el horizonte portugués, Felix daba cuenta del marrano con anterioridad a su traslado a la plaza, un cochino de 155 kilos, o lo que es lo mismo, 14 arrobas que dirían los mayores para degustar y saborear sus carnes unas horas más tarde.
La lluvia amenazaba y obligaba a los matanceros al chamuscado del cerdo con propano en lugar de la tradicional, fue este el único paso de esta matanza que no siguió los cánones tradicionales, pues una vez limpio el cuero, Felix demostraba su maestría para deshacer el gorrino en menos que canta un gallo.
Entre tanto, Queti, siempre afanosa en cualquier labor de colectividad, preparaba las patatas ‘meneas’ de la comida con ayuda de María José, mientras Mari, Tina, Carmen, Lourdes y Nacha, entre otras, se encargaban de otros menesteres necesarios para la comida, el más sabroso, un guisado de hígado encebollado al que no faltó ingrediente alguno, por supuesto, todo salido del campo y sin aditamentos artificiales.
Con la carne en los varales para su oreo, Felix preparaba unas tiras de panceta que serían puestas a las brasas de la leña de encina, un fuego que con el vino caliente, el aguardiente y las pastas, hacia llevadero el frío y la humedad de una jornada que finalizaría como las matanzas de antaño.


































Y a todo esto y con tantas fotos ¿donde estaba el cerdo ?
Colgado en los varales, si es buen observad@r lo puede apreciar en las fotos y en el vídeo. No se puede estar en todos los sitios al mismo tiempo. no hemos llegado a tener, aún, el don de la ubicuidad, de momento esa propiedad queda reservada para Dios.
Saludos
Mi más sincera felicitación a la asociación de jóvenes y a todos los “no tan jóvenes” que colaboran. Doy fe de que el cerdo existía y Félix hábilmente lo dejo como podéis ver en los varales.
Para la quinta matanza intentaremos estar presentes.